Soltar para vivir: lo que nos enseña la película Hoppers

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Por Alba Ramírez Rosas.

¡Hola! Somos Alba y Gerardo, hoy queremos compartir con ustedes una reflexión sobre una película que recientemente vimos y que nos dejó pensando mucho después de salir del cine. Se trata de Hoppers, una historia que, entre momentos divertidos y situaciones inesperadas, nos invita a reflexionar sobre lo difícil que puede ser soltar aquello a lo que nos aferramos. A lo largo de la película descubrimos cómo los personajes enfrentan cambios, recuerdos y emociones profundas, recordándonos que aprender a dejar ir también forma parte del proceso de sanar y seguir adelante.

A veces en la vida cuesta mucho trabajo soltar. Puede ser un mal hábito, una amistad o incluso recuerdos que nos aferran al pasado. Sin embargo, el camino de la vida muchas veces nos obliga a dejar ir, incluso cuando no estamos listos. La película Hoppers nos recuerda precisamente eso: que aprender a soltar también es una forma de sanar y seguir adelante.

Muchas veces nos aferramos a cosas que ya no están. Puede ser tan simple como un hábito cotidiano. Por ejemplo, cuando uno intenta cambiar su régimen alimenticio y decide dejar de tomar refresco. Al principio cuesta trabajo, pero poco a poco el cuerpo se acostumbra y termina sustituyendo ese hábito por algo más saludable, como tomar agua. Sin darte cuenta, ya soltaste algo que antes parecía indispensable.

La película recuerda también a otra historia muy conocida, Up, donde el personaje de Carl Fredricksen se aferra a su casa porque representa el recuerdo de su esposa. A menudo se piensa que las personas mayores son quienes más se aferran al pasado, pero Hoppers demuestra que los jóvenes también pueden hacerlo.

En la historia, una joven de preparatoria guarda un recuerdo muy especial de su abuelita. Ese lugar se convirtió en su espacio seguro. Sin embargo, el mensaje de la película es claro: para sanar también es necesario cerrar ciclos. Muchas veces seguimos con nuestra vida sin detenernos a procesar el duelo, sin agradecer lo vivido y sin despedirnos emocionalmente de aquello que fue importante para nosotros.

Esto recuerda un poco al método de orden de Marie Kondo, que propone agradecer los objetos antes de dejarlos ir. La idea no es olvidar, sino reconocer lo que significaron en nuestra vida. Algo similar ocurre con las personas: agradecemos lo vivido y seguimos adelante llevando su enseñanza dentro de nosotros.

Con el tiempo uno descubre que esas personas siguen presentes en nuestra forma de ser. A veces vemos gestos de nuestros padres, abuelos o seres queridos reflejados en nosotros mismos. Esa es otra forma de entender que, aunque alguien ya no esté físicamente, permanece en lo que somos.

Otro momento interesante de la película es cuando la protagonista conoce al llamado “rey castor”. Al principio sus reglas parecen absurdas o exageradas, pero en realidad son principios simples para convivir mejor: apoyarse entre todos, respetar los tiempos y atender las necesidades básicas.

Una de las reglas que más llama la atención es muy sencilla: si tienes hambre, come. Puede parecer algo obvio, pero muchas veces ignoramos nuestras necesidades básicas por prisa o costumbre. Esa idea de escuchar al propio cuerpo y atender lo que necesitamos en el momento es una enseñanza muy simple pero poderosa.

Además del mensaje emocional, la película también sorprende por su creatividad y el uso de tecnología para construir la historia. El resultado es una experiencia divertida y original que provoca muchas risas tanto en niños como en adultos.

Pero más allá del entretenimiento, Hoppers deja una reflexión profunda: soltar no significa olvidar, sino agradecer lo vivido y continuar con lo que esas experiencias dejaron en nosotros.

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