En Puebla, el acceso al agua se ha convertido en una prioridad urgente para miles de familias. Ante las deficiencias en el servicio por parte de Agua de Puebla, el gobierno estatal ha decidido actuar con medidas concretas que buscan atender la problemática desde una perspectiva social y de derechos.
El gobernador Alejandro Armenta Mier fue claro: garantizar el acceso al agua no es opcional, es una obligación. Bajo este principio, anunció el inicio de mesas de trabajo con la concesionaria para exigir mejoras en el servicio y asegurar condiciones dignas para la población.
Sin embargo, mientras se desarrollan estos procesos, la respuesta no se detiene. Con un enfoque inmediato, el gobierno estatal ha adquirido 100 pipas que ya se destinan a abastecer a las zonas donde el suministro es insuficiente o irregular. Una medida que busca aliviar, de forma directa, la situación de quienes enfrentan la falta del vital líquido en su vida cotidiana.
El mandatario también explicó que cancelar el contrato con la empresa implicaría un proceso legal largo y complejo, con posibles afectaciones mayores. Por ello, enfatizó la importancia de actuar con responsabilidad, priorizando soluciones que beneficien a la ciudadanía en el corto plazo.
Desde el ámbito social, la secretaria Laura Artemisa García Chávez informó que ya se trabaja en la integración de un padrón que permita identificar a las familias más afectadas, tanto aquellas sin acceso al servicio como las que lo reciben de manera irregular.
Por su parte, el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, detalló que se han detectado diversas irregularidades en el cumplimiento de la concesión, incluyendo fallas en inversiones y en los estándares de servicio. No obstante, subrayó que el objetivo principal no es el conflicto legal, sino garantizar agua de calidad para la población.
El llamado también se extendió a los municipios, recordando que el acceso al agua es un derecho reconocido constitucionalmente y una responsabilidad compartida entre los distintos niveles de gobierno.
Así, entre diagnósticos, acciones emergentes y diálogo institucional, Puebla enfrenta uno de sus retos más sensibles: asegurar que el agua llegue a cada hogar, no como un privilegio, sino como un derecho fundamental.


