En los laboratorios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el tiempo se estudia a través de huellas petrificadas. En el Laboratorio de Paleobiología de la Facultad de Ciencias Biológicas, los fósiles se convierten en piezas clave para comprender cómo ha evolucionado la vida en la Tierra y qué escenarios podrían presentarse en el futuro.
Bajo la guía del investigador Carlos Castañeda Posadas, este espacio científico analiza registros de hasta 90 millones de años para reconstruir la historia de la biodiversidad en Puebla y el centro de México. Más allá de la descripción de especies extintas, el objetivo es interpretar los cambios ambientales a lo largo del tiempo y generar conocimiento útil para la sociedad actual.
“Lo que ocurrió en el pasado es la mejor evidencia que tenemos para entender cómo se transforma nuestro planeta”, explica el especialista, al destacar que variables como clima, flora y fauna permiten proyectar tendencias futuras.
Un pez que conecta eras
Uno de los hallazgos más recientes del laboratorio es el descubrimiento de Buapichthys gracilis, una nueva especie de pez que habitó hace aproximadamente 90 millones de años durante el periodo Cretácico. El fósil fue identificado por el estudiante de posgrado Carlos Iván Medina Castañeda, con asesoría del equipo académico y colaboración de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El nombre de esta especie —que significa “pez ágil de la BUAP”— ya forma parte del registro científico internacional tras su publicación en la revista Cretaceous Research. Este descubrimiento aporta pistas sobre la evolución de peces modernos, especialmente aquellos que hoy habitan arrecifes.
El fósil fue localizado en Molcaxac, una región que durante el Cretácico formaba parte de un mar interior en Norteamérica, lo que explica la riqueza de fósiles marinos en el estado.
De mamuts a polen: reconstruyendo ecosistemas
El trabajo del laboratorio no se limita a especies marinas. Otra de sus líneas de investigación se centra en la megafauna del pasado, con estudios de restos de mamuts, bisontes, caballos y gliptodontes, encontrados incluso dentro del Ecocampus de la BUAP.
Asimismo, los investigadores reconstruyen la vegetación antigua de la región Puebla-Tlaxcala mediante el análisis de polen fósil. Cada grano funciona como una “huella digital” que permite identificar qué plantas existieron hace millones de años y cómo han cambiado los ecosistemas.
Estos estudios revelan la presencia histórica de especies como pinos, encinos, pastos y cultivos, ofreciendo pistas sobre transformaciones ambientales y posibles escenarios futuros.
Un laboratorio vivo
El Ecocampus de la BUAP se ha convertido en un espacio privilegiado para la investigación, al concentrar en un solo sitio evidencia fósil, biodiversidad actual y condiciones naturales que facilitan el estudio científico.
Además, la universidad cuenta con una colección paleontológica certificada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, lo que la posiciona como la única institución educativa en Puebla con este reconocimiento.
Con cada fósil analizado, la BUAP no solo reconstruye la historia de la vida en la Tierra, sino que también aporta claves para comprender los cambios ambientales actuales y anticipar los desafíos del futuro.


