La epilepsia es un trastorno neurológico que puede presentarse a cualquier edad, aunque es más frecuente durante la infancia y la adolescencia. Se origina por una actividad eléctrica anormal en el cerebro y afecta a millones de personas en el mundo. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, cerca de 50 millones de personas viven con esta condición a nivel global, mientras que en México la cifra se estima en alrededor de dos millones.
Las crisis epilépticas pueden manifestarse de distintas formas, desde pérdida de la conciencia y movimientos involuntarios intensos, hasta episodios más discretos como ausencias breves, alteraciones sensoriales o dificultades para respirar. En algunos casos, una sola crisis no implica necesariamente el diagnóstico de epilepsia, ya que puede estar asociada a factores como fiebre elevada, lesiones cerebrales o traumatismos. Sin embargo, cuando las crisis son recurrentes y no tienen una causa evidente, se considera la presencia del padecimiento.
En este contexto, un equipo de investigación de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla analiza el papel de los cannabinoides —compuestos presentes en la planta Cannabis sativa— como posibles aliados en el tratamiento de la epilepsia. El proyecto, encabezado por la doctora Aleidy Patricio Martínez, se enfoca en estudiar cómo estas sustancias podrían contribuir a reducir procesos asociados a las crisis, como la inflamación, el estrés oxidativo y la neurodegeneración.
El estudio se centra especialmente en los casos de epilepsia farmacorresistente, una condición que afecta aproximadamente al 30 por ciento de las personas diagnosticadas y que se caracteriza por la falta de respuesta a los tratamientos convencionales. A partir de modelos experimentales, el equipo evalúa la actividad protectora de distintos cannabinoides y analiza sus mecanismos de acción a nivel biológico.
Aunque algunos compuestos derivados del cannabis, como el cannabidiol (CBD), ya se utilizan legalmente en tratamientos para síndromes epilépticos poco frecuentes —como Lennox-Gastaut o Dravet—, los investigadores señalan que la planta contiene más de 500 sustancias, de las cuales alrededor de 120 son cannabinoides que aún no han sido estudiados a profundidad. El extracto utilizado en el laboratorio no tiene efectos psicoactivos ni genera dependencia.
El trabajo experimental incluye la evaluación de distintos marcadores relacionados con el desarrollo de la epilepsia, como la inflamación cerebral, el daño oxidativo y la pérdida de neuronas. El objetivo es identificar qué moléculas presentan mejores efectos protectores y podrían convertirse en alternativas terapéuticas complementarias en el futuro.
Además de sus aportaciones científicas, el proyecto ha contribuido a la formación de estudiantes de licenciatura y posgrado, quienes participan activamente en las distintas etapas de la investigación. Para la doctora Patricio, este tipo de trabajos reflejan la importancia de seguir ampliando el conocimiento científico y de abrir espacios para que nuevas generaciones se integren a la investigación biomédica.




