Ecovermis: Convertir plástico en fertilizante, la apuesta sostenible de estudiantes BUAP

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La contaminación por plásticos se ha convertido en uno de los problemas ambientales más urgentes a nivel global. Su lenta degradación —que puede tardar siglos— impacta directamente en los ecosistemas, la salud humana y la economía. Frente a este escenario, dos estudiantes de la BUAP decidieron cambiar la pregunta de “qué hacer con el plástico” por “cómo transformarlo en una oportunidad”.

Leonardo Garduño Rouin y Luis Ángel Martínez Isidoro, alumnos de la Facultad de Administración, desarrollaron Ecovermis, un biofertilizante líquido orgánico obtenido a partir de la degradación de ciertos tipos de plástico mediante un proceso biotecnológico. La propuesta no solo aborda el manejo de residuos, sino que también ofrece una alternativa sostenible para la recuperación de suelos agrícolas.

El proyecto utiliza larvas del escarabajo Tenebrio molitor, conocido como gusano de la harina, capaces de degradar materiales como poliestireno, poliuretano y poliéster de baja densidad. Durante su etapa larvaria, estos organismos consumen grandes cantidades de plástico y lo transforman, a través de su metabolismo, en residuos ricos en nutrientes y compuestos orgánicos útiles para el suelo.

El resultado es un fertilizante que contiene quitina, un componente natural que fortalece las raíces de las plantas, mejora su resistencia frente a hongos, virus y plagas, y contribuye a la regeneración del suelo. Además, favorece la atracción de polinizadores. Ecovermis ya ha sido probado en cultivos como lechuga, jitomate cherry, fresa, higo, agave y diversas cactáceas, con resultados positivos.

La idea comenzó a tomar forma en 2020, cuando los jóvenes trabajaban con cultivos en botellas de plástico recicladas. Pronto se dieron cuenta de que esta práctica solo prolongaba la vida útil de un material cuya producción se ha disparado en las últimas décadas. Fue entonces cuando decidieron ir más allá del reciclaje tradicional y apostar por la biotecnología y la economía circular.

Actualmente, el proceso desarrollado por Ecovermis cuenta con una solicitud de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, que protege desde el tratamiento de los residuos hasta la obtención del fertilizante final. Como parte de su modelo, los estudiantes han instalado puntos de recolección de plástico y residuos orgánicos, principalmente en espacios universitarios, para reincorporarlos al ciclo productivo.

El impacto de la iniciativa ya ha sido reconocido en distintos espacios. Ecovermis obtuvo el Premio UNITEC a la Innovación Tecnológica para el Desarrollo Social 2025, el tercer lugar del Premio Municipal de la Juventud 2025 y participó en el Bootcamp Re-Inventa el Campo de la Fundación Bayer. Además, los jóvenes compiten en el programa Santander X Explorer y representarán a Puebla en la competencia nacional ENACTUS México 2026.

Con el acompañamiento de una incubadora universitaria, el proyecto avanza hacia su consolidación como microempresa. Actualmente se encuentra en etapa de validación del producto y busca escalar su producción. Su comercialización se realiza principalmente a través de redes sociales.

Más allá de los reconocimientos, Ecovermis plantea una visión clara: enfrentar uno de los residuos más problemáticos del planeta y convertirlo en una herramienta para el cuidado del suelo y la producción agrícola sostenible. Un ejemplo de cómo la innovación joven puede abrir caminos donde antes solo había desechos.

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